Un pequeño salto


Desde hace mucho tiempo, incluso antes de que existieran los blogs, me rondaba la cabeza eso de crear un cuaderno de bitácora en la web. Un cuaderno de observaciones o algo así. Debí haber tenido más fe en mis ideas y patentar el asunto. Un montón de años después aquí estoy. Empiezo, luego existo.
Saltando al abismo de la blogosfera. Ya ves. Cumpliendo el prejuicio de todos aquellos y aquellas que me preguntaban ¿cuál es tu blog? Y, claro, yo les respondía que no, que yo no tenía blog. Aunque a lo mejor un día me daba por ahí. Y se me quedaban pensando que les estaba vacilando. Que un tío como yo entendido en estas cosas de internet y solucionador a la sazón de diversos y variopintos entuertos informáticos, hurgador de placas madre, memorias, y diversas chatarras, tenía que tener un blog. Que por cojones, vaya. Y mira.
No sé si tendré la suficiente motivación como para continuar la andadura. Pero de momento allá vamos. Y, como están las cosas, con cuatro o cinco lectores me conformaría. Aunque hoy he escuchado en la radio que los australianos prefieren en su mayoría ocuparse en leer en lugar de practicar sexo. Lo cual, seamos sinceros, infunde renovadas esperanzas a los escritores. Es lógico. Sin embargo, finalmente no han aclarado lo que leen los susodichos encuestados. Vete tú a saber.
En fin, que de lo que trataré de tratar en esto del blog es de dar luz a muchos de los proyectos que tengo ya en camino. Embarazosos, pues. Necesitados de paciencia y de ganas. Prometedores. Ambiciosos. A veces incluso ingenuos. Y uno de ellos es el del observatorio. Visto hace veinte años hubiera dicho que no. Que imposible. Que eso era cosa de otros más valerosos e intrépidos. O acaso más puedientes. Con pelas, vaya. Y sin embargo ya está. Lo miro y digo: “joder, he podido”. Ahora falta que el tiempo acompañe, tanto el meteorológico como el otro. Y precisamente hoy ha sucedido algo que me inquieta. Ha nevado por segunda vez durante el mismo invierno en Cáceres capital. A primera hora de la mañana. Las farolas aún permanecían encendidas. No ha cuajado, menos mal, porque se hubiese liado parda. Pero eran copos grandes. Una nevada corta pero intensa. Eso no había sucedido nunca, que yo recuerde. Al menos en mi vida lo escuché de nadie por esta zona. A ver si al final va a ser cierto lo del cambio climático y por no enterrar el pezón de la manzana se nos va a quemar el paraíso.


Lo dicho, que como no me subvencionan por esto, voy cortando el rollo. Nada académico como ves. Y dejo así de preparadita esta primera entrada de esta bitácora sobre cosas de las que no has de aburrirte. O sí.

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